Se podría decir que los príncipes también gastan, pero quizás alguno lo viese como una crítica a los privilegios de sangre. Se podría decir también que nadie le hizo caso y que por eso se liberó de medirse en sus gastos haciendo que gastásemos los demás por ella. También se podría decir que había una vez una princesa que notaba debajo de los colchones el euro que alguien había dejado, pero eso es otra historia.
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